Adoraría poder escribir algo más productivo y elaborado, pero ustedes saben que hay una institución que se llama escuela, que cuando llegás a fin de año te pide que realices una serie de exámenes para medir tu conocimiento, en los cuales si sacas menos de 6 tendrías que volver a demostrar tus conocimientos días más tarde. Cómo yo soy inteligente, quiero demostrar todos mis conocimientos acerca de Antropología y Sociología solo una vez más en mi vida, así que estoy obligada a recordar (?) todos los conocimientos que adquirí durante el año para lograr un 6 (8 en el caso de Antropología ya que por problemas del corazón, el profe me tiene entre ceja y ceja) Es por eso que no puedo seguir escribiendo mis aventuras y navegar por el cibermundo, ya que tengo que conocer lo que es la alteridad, un término completamente nuevo para mí. Y resulta ser que son las 20:20 para ser exactos (alguien está pensando en mí) y creo que me faltan más de siete apuntes por leer (leer no significa recordar) y es en estos momentos en los que me pregunto si mis profesores creen que soy una especie de super robot superdotado con absorción de conocimientos mediante ósmosis.

Quería aclarar, antes de volver a sumergirme en el maravilloso mundo del conocimiento, que Isabella es mi verdadero yo (por más que es un seudónimo), y que, ante la necesidad de un realismo mágico que distinga la cotidianeidad de todos los días, y la resignación de que el mismo nunca va a venir hacia mí (ya estoy bastante grandecita como para aceptar que soy enteramente muggle), creé a una personaje llamado Calipso, que se encarga de rellenar, aunque sea media el fantástico mundo de las palabras, la necesidad de que exista algo de magia en mi vida.
Sin más, ni menos, paso a abandonar esta sarta de delirios para abrir mis puertas de la mente y dejar que se introduzcan conocimientos que harán de mí una persona completa, culta y madura (la misma función veo en los libros y novelas, pero al parecer, el Ministro de Educación no lo entiende.)
Isabella


Calipso Adventures Cap. 1

Me encontraba encerrada en el calabozo más oscuro, pequeño y malholiente de todo el Gran Palacio. Y ahora que sabía mi presente, podía volver atrás y comprender mi pasado, tan confuso en su momento. Además, atrapada y vulnerable, no podía hacer otra cosa más que dormir y pensar.
Tuve una infancia de lo más feliz, junto a mi madre, Leona. Mi padre se llamaba Sirius Black y estaba encerrado en Azkaban, por un crimen que según mamá, el nunca había cometido. Más allá de todo, por más que mi crianza fue feliz y atenta, mi vida estuvo marcada por un pequeño detalle: era de identidad oculta. No recuerdo mucho a Sirius Black, y esa etapa de mi vida ya que tenía tan sólo 2 años de edad. Pero mis recuerdos más recientes acusan a mi madre de ocultarme de la vida, de sus amigos, de su familia. Y era por eso que estaba segura que mi nombre real no era Calipso, y mucho menos de apellido Black. Tenía serias dudas acerca de mi verdadera familia, aunque decidí guardarlo en un rincón muy alejado de mi mente, prefieriendo vivir en la mentira a saber la seguramente oscura verdad.
Más allá de todo, a la edad de once años, inevitablemente llegó una carta proveniente de la escuela Hogwarts de Magia&Hechicería. Como Leona se opuso fervientemente a que concurra, se me ocurrió la brillante idea de que, para poder asisitir, mi madre hiciera en mi un hechizo mutador. Fue por esa ridícula manía de ocultarme, que asistí a mi primer día de escuela con mi oscuro cabello de color maíz y mis ojos azules, vueltos verdes.
Era callada y tranquila, y me limitaba a la frase: Hola, soy Calipso Black. Por supuesto, nadie sospechaba que Black venía del asesino múltiple que se encontraba en Azkaban. Por más que trató de ocultarlo, mamá se decepcionó al saber que el sombrero me había colocado en Slytherin. No me gustaba mucho como mis compañeros trataban a los demás, pero más allá de eso, no me imaginaba estando en otro lugar que no fuese el hogar de los verde y plata. Me sentía como en casa, por más que pensaba diferente. Había ciertos muchachos, entre ellos Draco Malfoy, que me trataban con cierta distinción y respeto, y hasta me atreví a sospechar que había un pequeño temor oculto en ellos.
Pronto, salieron a la luz mis excelentes notas y mi impecable desempeño en las diferentes asignaturas. Leona estaba sorprendida, pero al parecer alegre, de que para las vacaciones de Navidad no hubiera hecho ningún amigo.
Y fue hasta el final de curso que mantuve esto, limitándome a tener solamente compañeros de escuela. Pero, sin que nadie lo note, comencé a desarrollar una simpática atracción hacia un muchacho de Gryffindor que parecía ser un héroe. Había derrotado al mago más oscuro de todos los tiempos, y ese mismo año, rescatado la Piedra Filosofal de sus garras. Pero... ¿qué podría hacer una cara X con el Niño que Sobrevivió?
Calipso


I'm not a princess, this ain't a fairytale
I'm not the one you’ll sweep off her feet,
Lead her up the stairwell
this ain't Hollywod,
this is a small town,
and I was a dreamer before you
went and let me down


Prefiero aceptar la soledad
que ser la dama de las camelias
y morir en la esquizofrenia.
Fuga de amor, desilusión.
Carpe Diem, hoy soy resurreción.
La noche es mi anestecia,
me envuelve y me da amnecia.
Mi mente da milvueltas,
me tengo que olvidar de ti HOY,
la noche es mi anestecia.


You can't even imagine the way i miss you

You look like an angel
talk like an angel
walk like an angel
but i got wise
You're the devil in disguise,
oh yes you're
the devil in disguise



Mamá no contestaba su celular, pero no era ninguna novedad. Ya me había acostumbrado a su falta de atención. Cerré el teléfono, enojada.
- Vamos, ¿realmente tenías la esperanza de que te atendiera? - se rió Edgard, mientras jugueteaba distraídamente con mis dedos en medio de la clase, a dos minutos de tocar el timbre de salida.
- Pero por suerte tengo al mejor amigo del mundo que me va a llevar en su auto -le dije, sonriendo.
- No puedo llevarte, iré a casa con mi novia - dijo seriamente, y se levantó para salir del salón ya que había tocado el timbre de salida. Cargué mi mochila y lo seguí con prisa.
- ¿¡Novia?! ¡Edgard! ¿Tienes novia? - su rostro no mostraba cambio alguno. Asintió, con seriedad. Una piedra cayó en mi estómago, era muy celosa con él. Luego de un momento, me sonrió. Había caído. Caminamos hasta su automóvil, riendo y saludando a los conocidos.
- ¡Te veo esta noche, Isa! - me dijo Samantha Noughar, al verme pasar. Esa muchacha irritante se creía mi amiga, pero cada vez que pasaba tiempo con ella, sólo pensaba en retirarme.
Subimos al Sedán de Edgard, y puso, como era costumbre, el CD de Muse. Comenzó a sonar Starlight.
- ¿Cómo estas? - me preguntó.
- Eso se pregunta a la mañana, apenas me saludas, ¿sabías? - le respondí burlona. Él no se rió.
- Ya sabes a que me refiero - me habría gustado que la gente esquivara el tema, como lo hacía yo. De sólo escuchar su nombre, o de pensar en ello, sentía que mi corazón, lacerante, comenzaba a latir cada vez más despacio pero haciendo una gigantesca presión en mi pecho, sintiendo que lo abriría en dos. Agaché la mirada, pero la subí de nuevo para evitar que las lágrimas saltaran -. Ya sé que no te gusta hablar del tema, Is. Pero ya han pasado tres meses. Tienes que enfrentarte. Mi cumpleaños se acerca, y vas a tener que verlo.
- Mi iré antes.
- No. Quiero que pases toda la noche conmigo el día de mi cumpleaños.
- Estaré bien, entonces. No te preocupes por mí. Ya sé como manejarlo.
- Sólo te quiero ayudar, pero tu tienes que dejarme.
- ¿Él como está? - le pregunté, cambiando de tema.
- Bien. Él está bien -. en su rostro se escondía algo.
- Volvió con ella, ¿verdad? - hizo un asentimiento casi imperceptible, mientras frenaba frente a mi departamente.
- Está bien, él es libre. Yo también. El hace su vida, yo también -. Edgard me tomó la mano y me dijo, mirándome a los ojos.
-No te engañes, Isabella. Tu puedes tener la libertad de estar con otros hombres, pero tu corazón no es libre. Y sólo lo será cuando aceptes el hecho de que lo extrañas, y de que estás terriblemente mal. Cuando aceptes eso, sólo así podrás comenzar el proceso de olvidarlo -. Me bajé del auto furiosa. Mi amigo estaba acostumbrado a que yo huyera de la verdad. Pero no podía seguir escuchando.
Entré a casa, preparé un baño. Me serví un poco de licor de chocolate y subí al máximo el volumen de la música ruidosa que tanto me desestressaba. Los momentos vividos, su rostro, sus besos, sus caricias, sus palabras comenzaron a agolparse en mi mente. Las bloqueé antes de que las cosas siguieran su curso, pero ya era demasiado tarde. Tendría que pagar las consecuencias. Su abandono resonó en todo mi ser, destrozándolo. Quería concentrarme en la música, en la batería, en la voz, en la letra. Pero mi cuerpo parecía recordar por sí solo todas las sensaciones que había tenido en aquél momento cuando tres palabras me tiraron el mundo encima. "Ya no te amo".
Isabella



Let's laugh until we cry
even when they try to take us down
Let's have the time of our lives!


Y así transcurrió la mañana. Había olvidado mi resignación a no aprobar matemática nunca, y ya era parte de mi vida. Entre risas, charlas y elogios, sucedió lo que sucedía todos los días. Al ser viernes, esa noche saldríamos a bailar. Estaba volviéndose costumbre desde que me dejó. Emborracharme, y compartir mi tiempo con desconocidos, me adormecía el corazón. En esos momentos, no podía entristecerme ni extrañarlo, solo vivía en un extraño sopor lleno de placeres y diversión. Ya me había acostumbrado a levantarme al otro día con el corazón apretujado y el pecho a punto de explotar por la opresión. Mi vida era una sarta de causas y consecuencias. Para olvidar, me emborrachaba y dormía con desconocidos, y luego al otro día me daba cuenta que todo era falso. Consecuencia.

Uno no deja de sentir dolor, solo encuentra la forma de vivir con él. Ni siquiera esperaba que me rescataran. Sólo estaba resignada a apretar fuertemente los dientes cada vez que lo veía, cada vez que escuchaba una canción triste. Estaba obligada a borrar todo lo que tuviera que ver con él, estaba resignada a actuar como superada pero por dentro la pena me seguiría carcomiendo por siempre. Por que cuando canto, pienso en él. Por que cuando sueño, sueño con él. Por que todo el amor del mundo que pueda recibir, toda la diversión, todos los hombres que se me ocurran, nada podrá nunca curar ese inmenso dolor que dejó su partida.
Isabella.



El frío me cansaba, pero me gustaba bastante. Más cuando nevaba. Ver todo cubierto de blanco me hacía recordar a la casa de campo, que estaba plagada de esas flores blancas que me gustan tanto. Resignada a un destino cruel, a sabiendas de que podía cambiarlo, pero sin querer hacerlo, caminé las diez cuadras hasta llegar a mi peor pesadilla: el examen de matemática.

El calor de el aula me acogió, como mi cama cuando tengo ganas de dormir. Me sentía muy bien allí, con gente extraña hablándome, creyéndose mis amigos, pero difícilmente recordaba sus nombres. Salvo el de Edgard. El sí era un amigo.
Dejé de sentirme feliz cuando el profesor Mc Cluskey, tan gordo y gigantón, colocó el examen en mi pupitre no sin antes dedicarme una irritante mirada inquisitiva. Le devolví una expresión desafiante, que no se atrevió a reprochar. Trigonometría. ¿Es que la gente no entendía que yo no necesitaba aprender matemática? Lo mismo con Física. ¡No lo necesitaba! Simplemente, todo estaba escrito. Me iba a ir al infierno, y allí no interesan los números. Y si no... ¿para qué sirven las calculadoras? Por suerte, mi último año de secundaria, me torturaba por última vez. Luego mi vida entera serían libros, García Márquez, Poe, Sheakspeare y muchos más.
Resignada, comencé a derrochar tinta en vano, ya que todo lo que escribiera sería anulado al ser incorrecto, y entonces, un gran número uno se uniría al resto.
Isabella

,

Me prometió felicidad, y me juró que no habría más dolor. ¿Es ese el problema de enamorarse? Ya van tres meses.. o cuatro, ya ni sé. Y sigo soñando con él. Espero que algún día se vaya de mi mente y corazón de una vez por todas, por que sigo esperando que el teléfono suene y me pida perdón, que se equivocó, que no es feliz sin mí. Pero no, el es feliz. Y yo soy libre.

Isabella



Tu niña guarda muchos secretos que nunca imaginarás, pero ella se sabe cuidar. Yo sé que te esmeraste para que sea buena, pero ella ya es libre. Sabe lo que está bien y lo que está mal, pero decidió ir por el segundo camino. No desesperes, ella es feliz. Si, papá. Tu nena se porta mal. ♪

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